Redacción El Polideportivo CV
El rugby tiene esas tardes en las que el reloj parece detenerse y el destino se decide en una sola jugada. En el último segundo, cuando todo apuntaba a una derrota por la mínima, el CAU Valencia silenció el campo del CN Poble Nou con un ensayo de Tomás Luna y la posterior transformación de Joan Terol para sellar un triunfo épico (16-18) en el estreno de la Fase de Ascenso a División de Honor Élite.
La jugada final fue el reflejo de lo que fue el partido: intensidad, disputa y una igualdad que no se rompió hasta el último instante. Con el marcador en contra y el cronómetro ya cumplido, el CAU enlazó varias fases con paciencia y determinación, abrió el balón y encontró el hueco definitivo. Luna apoyó el oval bajo presión y, acto seguido, Terol asumió la responsabilidad desde los palos para culminar la remontada. No tembló. El 16-18 desató la euforia visitante.
El encuentro comenzó con un CAU decidido, dominador en los primeros compases y eficaz en campo contrario, lo que le permitió adelantarse 0-8 y marcar territorio. Sin embargo, el conjunto barcelonés reaccionó con carácter, ajustó en defensa y aprovechó sus oportunidades para dar la vuelta al marcador antes del descanso. Al intermedio se llegó con un apretado 13-11 que hacía justicia a lo visto sobre el césped: máxima igualdad y un pulso físico constante.
En la segunda mitad, el choque se convirtió en una batalla táctica. Cada metro se peleó como si fuera el último, las defensas se impusieron por momentos y los errores se pagaban caros. El CN Poble Nou logró mantenerse por delante durante buena parte del tramo final, pero el CAU nunca perdió la fe ni la disciplina.
Cuando parecía que el primer asalto de la eliminatoria caería del lado local, llegó la última acción. Una posesión trabajada, varias fases cerca de la línea y la determinación de un equipo que creyó hasta el final. El ensayo de Luna y la conversión de Terol no solo dieron la victoria: enviaron un mensaje claro en esta Fase de Ascenso.
El CAU Valencia comienza el camino hacia la División de Honor Élite con un golpe de autoridad a domicilio. Y lo hace como se forjan las grandes historias del rugby: sufriendo, resistiendo y golpeando en el último segundo.
